domingo, 10 de agosto de 2008

Strarway to Heaven


"Ooh, its makes me wonder..."

Ella... (let me in the blues)

I

Es un regalo.
Es para vos la persona que hiciste de mí.
La que dormía en tu cama, es tuya te la regalo.
No soy yo, alguna vez me vestí de ella.
Le puse palabras a su pensamiento.
Te ayude a construirla, pero es tu creación.
Es para vos, te la regalo.

Yo sólo lo mire, pero ella lo reconoció.
Me habló, yo no lo escuchaba. Ella lo entendía pero no contestaba, sonreía.
Me llamaba y me acerque. De cerca era más real, como las fantasías en los sueños.
Frente a el, ella eligió por mi.
Sus ojos grandes y brillantes tenían la magia de los espejos, y ella que vivía en los reflejos lo miraba con mis ojos.
Mis ojos se aclaraban más cuando ella lo miraba, penetraban la oscuridad de sus ojos, profundos como cerraduras. Ella era la llave, había encontrado la forma de salirse de mí, de circular fuera de la imaginación, de hacerse real.
El recordó la melodía de una canción que había olvidado.
Hablaba conmigo y le contaba a ella cuántos lugares extraños había conocido y de las veces que el había creído encontrarla. Siempre sentía que ella estaba cerca, en un perfume, en un vestido, en un color. Sabia que ella existía pero no la buscaba, ella aparecía. Cuando el viajaba en tren, en los vagones llenos de gente, ella estaba sentada, esperando que el se acerque y la descubra pero el prefería mirar por la ventana e imaginarla en cada árbol, o en el viento que soplaba en su cara o en las lucecitas de la noche que alumbraban las casas, ¿en que casa estaría?, en todas o no tendría casa, y cuando pensaba así andaba cabizbajo, caminaba por las calles mirando las baldosas, los adoquines, el cemento la tierra, el pasto, y ella aparecía en un gato que se atravesaba en su camino o en un perro que lo seguía hasta a su casa.

jueves, 7 de agosto de 2008

Roxana Porchelana

Composición: Indio Solari.

Ay, Roxana porchelana
En el panel de video.
La ratoncita divina
Del doctor Jeckyll.

Siempre jugando con fuego
Incendió Palermo Chico.
Horrorizada en bikini
En una gran congestión.

Dicen que el crimen no paga
Ese empalagoso show,
Esos retrasos gratuitos.
El crimen no paga el hipnótico panel.

Roxi quedó radioactiva
En un riesgoso interview.
Mientras buscaba inocente
El monstruo la chuponeó.

Mira quietita y cremosa
Su faraónico ser.
No baila ya pobrecita
El limbo "Sobrevivir".

miércoles, 6 de agosto de 2008

Placer

El dolor transforma su ardor

ardor de soberbia y rebeldía

acechanzas y seducciones

debilidad de los santos...

exaltadamente espiritual

la obligación de vivir.

viernes, 1 de agosto de 2008

Mientras.

Esta solo. Esperando al lado del teléfono, aunque lo disimule.
Siempre es ella la que lo llama. Todavía cree en la posibilidad de no tener que llamarla, de seguir jugando al desinteresado, pero ya pasaron varios días desde la última vez que se vieron.
¡Que poco delicado había sido! y aunque borracho le había confesado algunas cosas que quizá ni ella se acuerde.
Se tira en la cama, son las diez menos cuarto, nada que hacer y piensa en ella. La recuerda encima suyo, empujando, rodeándole el cuello, lamiendo, entrando en su oído. Se desabrocha la blusa, las tetas perfuman su cara. Se siente apretado, se baja el pantalón. La agarra de la cara, sus ojos en el fondo son naranjas.
Suena el teléfono...

jueves, 31 de julio de 2008

Sola, con la pequeña muerte a los pies.


En la penumbra
un hilo de luz recae sobre sus párpados cerrados
livianos como la gasa
recubren el movimiento de los ojos.
El cálido silencio inunda el ambiente, reina la paz.
No será juzgada por la apariencia
así que duerme serenamente.
Sus cabellos largos y cobrizos
caen de la cama
chorrean como pesados tirabuzones.
Contemplarla dormida
caer en el hechizo de esos enormes y jugosos labios
entre sueños parecen insinuar un beso.
Sus pechos tiesos apuntan al techo
dos proyectiles listos para disparar
blancos porcelana
voluminosos copos de azúcar.
Coronando dos pezones
frutillas del postre.
Debajo de la enagua, descendiendo por el pubis
dos elásticas pierna se rozan entre sí
presionan con los afilados dedos
el delicado durazno.

La rápida fricción sube la temperatura
la fruta rosada se llena de almíbar.
El tibio manjar se derrama lentamente
pegotea el orificio de su panal
y el dedo resbala dentro del estrecho túnel.
Su interior esta forrado de húmedos almohadones fucsias.
El dedo vibra escurridizo
el calor sofoca haciendo presión.
Sale suave, abriendo la tierna protección
y va despacio hacia el durazno.

La entrada cubierta de un fluido viscoso y dulce
moja también la superficie carnosa.
Trepa hasta la excitante cima
se desliza una y otra vez por la rosada pulposidad
gozando y desbordando más almíbar.
Cuando la necesidad es desesperante
el dedo se mete en el interior del latiente durazno.
Es el gran palacio sagrado
un santuario de brillantes rojos.
La calidez se adapta a su forma
emanando olores hipnóticos.
Cuanto más profundo entra
más rápido es el latido y más delirante es todo.
El ritmo titilánte se vuelve tan rápido e incontenible
que todo se estremece
y finalmente lo consigue.

Una perla brillante empieza a crecer
hasta convertirse en una gigante esfera
y lo invade por completo.
El dedo es atraído por la incandescencia de la esfera
y comienza a frotarla.
El placer es tan agudo que la penetra impulsivo
la atravieza y el impacto
hace que estalle...

Todo es pura miel caliente...

miércoles, 30 de julio de 2008

"Un cuento pequeño"

La alumna risueña resalta fluorescente su boca desdentada.
En la mirada inocente un brillo metálico refleja su curiosidad.

En clases de plástica mezcla plastilinas en orgías de color,
chorrea plasticola en sus manitas pícaras.

Sentada sobre los pupitres, cual estatua mitológica, canta ensimismada
en gritos virginales.
Su cola de pelo es maciza y rubia, ya no está tan tirante como al comienzo. Embriagada de risa corre alrededor de los niños como ninfa salvaje.
Tras la pila de papel glasé y materiales brillantes, entre tijeras y marcadores, transpira el maestro que espía sigiloso. Invisible su mirada rebota en los cuerpecitos de los niños, proyecta sus fantasías.
Ninguno nota la intención de su mirada, a no ser por la niña más traviesa de la clase que parece reaccionar bajo su influencia.

Es un día caluroso. El maestro y la niña caminan juntos por veredas muy soleadas.
Ella se dirige a su casa, sin prisa, como siempre. Lleva puesto un vestido muy finito, con cerezas dulces y voladitos que se alzan a cada paso descubriendo la dorada piel.
El ritmo de su andar pegadizo contagia al maestro una especie de confianza y se apresura a invitarle un helado.
La niña de ojos almendrados lo mira endulzada por la propuesta y como si supiera que él la va a seguir corre hasta la heladería mirando hacia atrás para ver si es alcanzada.
Él se apura, riendo por la rapidez de la niña, que ya está en puntitas de pie sobre el mostrador, pidiendo un cucurucho de chocolate y crema
Al verla, la toma de la mano un poco nervioso.

Salen de la heladería para que la niña saboree su helado en una silla hamaca donde sube de un salto. Él sostiene el helado y se sienta a su lado devolviéndoselo.
La niña lo agarra con las dos manos, sorprendida del tamaño cremoso que sostiene, y con los piecitos cruzados comienza a chuparlo.

Él la observa, ella lame como un gatito, pintándose la trompita, mirándolo de reojo. Luego abre la boca en un gesto muy expresivo y se lo mete por completo saboreándolo hasta la punta. Lo mira, se ríe y suspira - Es muy grande - dice.

Él fija su mirada en la boca de la niña. Es una cereza como las que lleva en el vestido y se abre lentamente desplegando una lengua áspera que acaricia resbalando en la crema.

El maestro cruza las piernas disimulando la erección que lo avergüenza, pero ella no parece notarlo y le acaricia la cara, jugando con la mano pegajosa. El contacto con la niña le provoca un escalofrío que le recorre todo el cuerpo y lo precipita.

Ahora, de los adorables labios gotea un rojo intenso que chorrea sobre el helado. El maestro se excita ante la sangre que irrumpe de una carcajada y mancha violentamente la pureza de la blanca crema. Se acerca conteniéndose. Toca los labios que arden de temperatura pero ya no hay sangre. Ella lo abraza y se cuelga de su cuello. La respiración de la niña se agita en sus oídos. La alza en brazos, mirando a su alrededor - Algo grave debe sucederle - piensa, y como sin darse cuenta se la lleva a su casa rápidamente.