jueves, 11 de septiembre de 2008

A pala y pico

Aseguré el entierro sin preludio alguno.
Mientras esforzaba lo último en puñados de tierra
vino a mí una estampida de recuerdos frescos para atacarme por última vez.

Me alejé como un disparo
para disuadir cualquier posibilidad de venganza
saltando al grito de ¡Libertad!




Pesadillas a la hora de la siesta. Guacha editora 2005

No hay comentarios: